Podría contar esta historia de un modo escueto y frío, pero sin mentir, lo haré con algo de estilo con la esperanza de que será más entretenido. Ojalá no me equivoque. En cualquier caso, contarla es todo lo que puedo hacer ahora.
Mi esposa y yo nos enamoramos y decidimos que la vida en argentina se nos quedaba chica. Todo el mundo sabrá que allá el aire es fuego, que no se puede progresar en esas condiciones; todo aquel que conozca el amor también sabrá que está lleno de fuerza y de esperanza. Con esto en mente nos casamos para beneficiarnos de mi doble nacionalidad y nos mudamos a España con un negocio en mente: Comprar, reformar y vender viviendas.
La mayoría de los detalles de este negocio no son relevantes, pero luego de hacerlo un par de años, llegamos al punto de que para hacer cierta reforma, necesitábamos permisos y capital que no estábamos en condiciones de obtener, así que decidimos hacer reformas a particulares entretanto. Conseguimos un contrato bastante grande para renovar la casa de unos ricachones de Boadilla del monte. Esta es también una extraña y triste historia que podría contar en otra ocasión, pero la cuestión acá es que aquella obra nos quedaba lejos y la camioneta que teníamos ya no daba para más, el segundo día de la obra se nos quedó en el camino así que decidimos comprar otra mejor. Pensábamos que sería algo rápido, que si aparecíamos en cualquier lado con el dinero tal vez podíamos salir con el coche andando ese mismo día.
Recuerdo que fue en octubre del 2024. Buscamos en internet hasta encontrar el vehículo que se presente en las mejores condiciones por el menor precio. Encontramos una furgoneta Volkswagen T5 por 7500€. Sus defectos eran superficiales y la ley indica que solo puede venderse un vehículo que tenga la ITV, el motor bien y los papeles en regla. Llamamos al vendedor y nos garantizó que el auto estaba andando y que si enviábamos el dinero ahora, mañana lo enviaría hasta nuestra casa. Tardamos un día en hacer la transferencia y todo parecía normal hasta que, cuando el auto debió llegar, no llegó. Llamamos y se nos prometió que era cosa de un día más. Llamamos al día siguiente y nos dijo que faltaba un día más. Llamamos otra vez y ahora el vehículo necesitaba una reparación en la caja de cambios, algo fácil y muy barato que tardaría solo un día más. Luego pasó varios días sin atender el teléfono. Mientras tanto nuestros clientes estaban nerviosos, no podían estar con la obra parada por algo que, hasta cierto punto, era un problema personal. Decidimos ir a trabajar en bus: 2h de ida y otras 2h de vuelta con 10h de trabajo. En aquel entonces no comíamos carne y cocinábamos a diario, osea que descubrimos un nuevo nivel de cansancio. Empezamos a dormir en el sofá de un familiar que quedaba a medio camino, ahorramos un par de horas de viaje para dormir peor y no tener privacidad ni paz alguna. El cansancio se nos hizo ansiedad, que a su vez se acumuló en depresión hasta volvernos cáscaras mugrientas y cadavéricas.
Tomamos una decisión: ir en persona a enfrentar al supuesto estafador. Esto fue lo más inteligente y efectivo que hicimos. El proceso fue el siguiente. Le envié un mensaje por wp y por email que decía algo cómo: "vamos a ir a buscar el contrato de compraventa y un vehículo de sustitución tal día a tal hora y es tu responsabilidad según tal ley dárnoslo". Curiosamente el tipo estaba re disponible y encantado de atendernos el teléfono para convenir el encuentro. Nos sacamos unos boletos de tren hasta Ciudad Real y llegamos sin problema. Se imaginarán que estábamos fantaseando con cremarlo y esparcir sus cenizas sobre la caja de cambios. Nada de que preocuparse, pero el rencor era una valiosa fuente de energía en aquellas circunstancias. Ok. Acá está el infeliz. Óscar Melero, sobre 40 años, delgado, canoso, alto y con cara de que algo impide el correcto operar de su cerebro. Soso al vestir, suave al hablar, alguien calculado que solo tiene de sencillo que sencillamente solo le importa su propio beneficio. Entramos en el oscuro concesionario que también tenía paredes negras, exigimos el contrato y esperamos en silencio, sin intercambiar pequeñas palabras. Con su hermano nos acompañaron a una oficina llena de modelos de Lego Star Wars, Milenium Falcon y más, cómo si fuera digno de orgullo (Para mí esto fue una pista, quizás vea todo esto como un juego fantástico). Firmó los papeles y nos quedamos el original. Luego exigimos el coche de sustitución con la misma estrategia que antes, esta vez obedecieron en silencio. Afuera había un Ford fiesta con la pintura mateada por la edad. "Es este". Le pedimos seguro y permisos y prometió enviarlos por email "mañana" cosa que jamás hizo.
En este punto la batalla estaba ganada, pero faltaba algo muy sospechoso: la furgoneta. ¿Y donde está la furgoneta? "En el mecánico", contestó el patético gastrópodo. Así que fuimos los tres apretados en el Ford fiesta a conocer a este nuevo personaje. En el camino lo interrogamos un poco: le preguntamos que le ocurre al vehículo: reveló que no consigue el recambio que busca barato, que no está dispuesto a pagar la mano de obra de las reparaciones y que, de hecho, quiere más dinero por el vehículo. Le preguntamos si conocía este panorama desde el principio: reveló que si, admitió que mentirnos fue lo primero que hizo y que lo hizo constantemente hasta ahora, punto en el que ya no puede porque pronto hablaremos con el mecánico y perderá el control del tema. Le preguntamos si algo así le había ocurrido antes: reveló que si, que tiene algunas demandas, algunos clientes insatisfechos y amenazas, que tiene la costumbre de resolver todo sin involucrar un juez; astuto. Amenazamos con demandarlo y contestó lo que todo villano contesta "hazlo y lo alargare tanto como pueda, serán años antes de que vuelvas a ver la furgoneta" Su frialdad era francamente impresionante, un loquito.
El mecánico fue lo mejor, un rumano hecho enteramente de testosterona. La camioneta estaba ahí con muy buena pinta, la miramos toda y estaba en orden hasta donde el ojo llega a ver, pero por entonces estábamos construyendo un caso contra Óscar, obteniendo pruebas y testimonios. El mecánico contó que este es el primer trabajo que hace para Óscar y aun no ha cobrado nada, que aquel le debe unos 500€ y aún falta trabajo y material, que se arrepiente hondamente de haberse metido en el medio de esto y me recomienda que ande tan lejos de Óscar cómo del demonio y del infierno. Cuando nos estábamos yendo, quiso que sepamos que ha conocido hace poco una pareja que fue estafada del mismo modo, pero que "este tipo va a tener cuidado conmigo o alguien le va terminar prendiendo fuego el local". Un buen aliado.
En el viaje de vuelta al local del villano nos encontramos nuevamente encerrados en silencio con el y, por alguna razón, intentamos disuadirlo de ser malvado y exponerlo a la realidad que sufrimos por su culpa. Su silencio y monosílabos terminaron de extirparme toda esperanza en la raza humana.
En este punto contratamos un abogado, comenzamos el proceso de demandarlo pagando unos 2.000€ más por todo el trámite y tardamos casi un año en que el juez llegue a mirar el caso, meses hasta que la sentencia fuese efectivamente a nuestro favor y tan solo entonces, Óscar volvió a atender el teléfono ansioso de cooperar. Nosotros demandamos por el "perfeccionamiento contractual", básicamente queríamos que cumpla con el contrato que firmó y entregue el vehículo, pero no queríamos que nos reinvierta el dinero que le dimos; para salir ganando mínimamente del calvario este. Óscar nos dijo que no nos daría el vehículo si no le pagamos los arreglos (500€), que no pagaría las costas del litigio y que ni siquiera sabía que lo habíamos demandado, que nadie le avisó, una risa. Se ve que su abogado le aconsejo que trate el problema seriamente para evitar agravar las consecuencias y aun así, tardo meses en convenir traernos el vehículo.
Hubo un día en qué habíamos quedado para que nos traiga el vehículo y nosotros devolverle el suyo. Hablamos la noche anterior y le garantizamos que su coche tenía bateria. Hizo el viaje sin el permiso de circulación ni el seguro, se bajó de mi camioneta con cara de pobrecito arrepentido y nos hablaba todo cabizbajo. No nos gustó ni un poco que no tenga ningún papel que habilite al vehículo para circular aunque por suerte prometió enviarlos "mañana" básicamente trajo una estatua, pero de todos modos nos quedamos con las llaves y le dimos las de su Ford. Por fin, nos colgamos de la ventana durante horas a ver como pedía auxilio a los transeúntes para empujar el auto y no poder hacerlo arrancar. Al final el verdulero trajo unos cables, unos vecinos acercaron su coche y lograron cargar la batería lo suficiente para que pudiera irse. Estaba tentado de denunciarlo a la policía por viajar sin seguro y sin ITV, pero mi piadosa esposa me lo impidió.
Debo esclarecer que desde entonces han pasado más de 4 meses sin ninguna respuesta, no quiere pagar la demanda, no quiere facilitar los documentos y en total ya pasaron 2 años desde que todo esto comenzó. Si, yo molesto a mí abogado frecuentemente y el me contesta siempre lo mismo "ahora le mando un email insistiendo". Nada de nada. Silencio absoluto. Respecto a los documentos, tenemos la sentencia del juez ya que es parte del "perfeccionamiento contractual"; pero respecto a las costas, mi abogado dice que habrá que hacer una segunda demanda para poder forzarlo a pagarlas. Che, la verdad, nada me daría más placer que hacerle pagar más y más y más, pero para hacer eso tendría que gastar primero yo el dinero para reclamarlo y, ahora mismo, no tengo un mango.
Bueno gente, el tipo es un engendro, el sistema legal español le da una clara ventaja financiera al malhechor, yo tengo el vehículo y no lo puedo usar y el estupido este sigue operando, vendiendo vehículos y viviendo la buena vida. Yo no sé qué hacer. Escucho atentamente las sugerencias de la comunidad.