Últimamente le he estado dando muchas vueltas a algo y me gustaría saber cómo lo ve otra gente, porque todavía no logro llegar a una respuesta que me deje satisfecho.
Desde hace unos años me pasan muchas coincidencias que, individualmente, sé que pueden ser simplemente azar. El tema es que cuando empiezas a acumular muchas, a veces cuesta seguir diciéndote que todo es casualidad.
No hablo necesariamente de cosas gigantes. A veces pienso en juntarme o jugar con mis amigos y justo cuando abro Instagram tengo un mensaje de ellos proponiendo exactamente eso. Otro día iba atrasadísimo a clases porque la micro quedó en pana, tuve que seguir en scooter y asumí que ya había cagado, pero justo ese día la profesora también llegó exageradamente tarde por razones completamente distintas.
También me ha pasado con cosas más importantes. Una vez tenía un control con una cantidad absurda de materia. En vez de memorizar todo, estudié algunas partes que por alguna razón me parecieron importantes o fáciles. Justo terminaron preguntándome gran parte de esas cosas y me fue excelente, mientras amigos que habían estudiado prácticamente todo tuvieron peor resultado.
Sé perfectamente que esto no demuestra que exista el destino. Pero experiencias así me hicieron empezar a cuestionarme la idea de que la vida sea simplemente una sucesión de acontecimientos aleatorios.
Con el tiempo llegué a una idea que me representa más:
No creo que la realidad sea algo completamente fijo que simplemente nos ocurre. Nosotros también participamos en ella. Lo que pensamos cambia lo que vemos, lo que vemos cambia lo que hacemos, y lo que hacemos modifica las posibilidades de lo que puede pasar después.
Por eso tampoco imagino el destino como un libro donde ya está escrito todo lo que voy a hacer. Lo imagino más como una red gigantesca de probabilidades. Cada persona toma miles de decisiones, muchas completamente impulsivas, y esas decisiones se cruzan con las de millones de otras personas. Una decisión aparentemente insignificante puede cambiar una cadena enorme de acontecimientos sin que nunca lleguemos a saberlo.
A veces pienso incluso que la mente humana tiene mucho más poder sobre nuestra realidad del que creemos. No digo que pueda pensar “quiero que pase X” y mágicamente ocurra. Me refiero a que una idea puede cambiar mi percepción, mi percepción cambia una decisión y esa decisión puede terminar cambiando completamente dónde estoy meses o años después.
Esto también se mezcla mucho con cómo me veo a mí mismo.
En mi familia siempre he sentido que tengo cierto peso. Muchas veces siento que mis decisiones no terminan solamente en mí: lo que hago, cómo me va, la forma en que me comporto e incluso mis gustos pueden terminar siendo una referencia para personas más jóvenes de mi familia. Eso me ha hecho sentir una responsabilidad bastante grande respecto a lo que hago con mi vida.
Con mis amigos me pasa algo parecido, aunque de otra forma. He visto cómo palabras que inventé, maneras de bromear, expresiones o formas de hablar terminaron incorporándose al grupo al punto de que después todos las usan naturalmente. Son tonteras pequeñas, pero me hicieron darme cuenta de que una sola persona puede alterar su entorno mucho más de lo que piensa.
Y al mismo tiempo tengo una contradicción importante con mi propia identidad.
Desde la enseñanza media he mantenido bastante separada la persona que conoce mi familia de la persona que soy con mis amigos. En mi casa intento verme responsable, respetuoso y estudioso. Afuera soy mucho más desordenado, me encanta el webeo, salir, hacer cosas impulsivas y he vivido experiencias que probablemente sorprenderían muchísimo a mi familia.
No siento necesariamente que uno de esos dos sea falso. Los dos soy yo. Pero sí me pregunto cuánto de la versión que muestro depende realmente de quién soy y cuánto depende del personaje que siento que tengo que cumplir frente a los demás.
Por eso últimamente siento que todas estas preguntas —destino, coincidencias, decisiones, identidad, influencia sobre otras personas— en realidad están conectadas.
No sé si existe algo detrás de las coincidencias. No sé si hay un orden que todavía no entendemos o si simplemente somos muy buenos encontrando patrones. Tampoco creo poder controlar el futuro.
Pero cada vez me convence más esta idea:
No soy solamente alguien a quien le ocurre la vida. Soy una de las cosas que hacen que la vida ocurra de determinada manera.
Y probablemente todos lo somos.
Hay tres preguntas que me gustaría mucho leer cómo las responderían otras personas:
¿Creen que uno construye su identidad o termina interpretando el papel que los demás esperan de uno?
¿Hasta qué punto nuestras decisiones realmente cambian el futuro de las personas que nos rodean?
¿Cómo diferencian entre una coincidencia, el destino y simplemente las consecuencias de nuestras propias decisiones?
No busco que alguien me confirme que vivimos en una simulación ni nada parecido. Más que nada quiero saber cómo otras personas que se hayan cuestionado estas cosas terminaron entendiendo su propia vida.