r/Ticos • u/Original_Crow_1444 • 2h ago
🙃 Me paso algo raro rarooo 🙃 Cambié de trabajo y aparentemente sigo siendo testigo de situaciones rarísimas
Hace un par de meses trabajaba dando mantenimiento en el gimnasio de unos apartamentos.
Ese trabajo me enseñó que si uno pasa suficiente tiempo arreglando máquinas, en algún momento termina presenciando cosas bastante extrañas. Una vez, por ejemplo, vi a un mae intentando ligar con una muchacha mientras entrenaba. El problema era que él parecía convencido de que había química y ella tenía una cara que decía exactamente lo contrario.
Como ese trabajo era muy desgastante -y además no podía darle el seguimiento necesario a todos los hechos extraños que presenciaba- tomé la decisión de cambiar de trabajo por mi salud mental y por los episodios de tortícolis que me generaban el estar disimulando.
Así que bueno, un día decidí buscar trabajo en una librería. Pero eso no es sinónimo de tranquilidad, al contrario, todo aparenta que soy víctima de un extraño juego del destino, que me lleva, nuevamente, a ver episodios extrañísimos.
Maes. Se trata de libros. Señoras buscando novelas. Papás comprando las historietas del Capitán Calzoncillos para sus hijos. Alguno que otro ñoño comprando juegos de mesas. Gente preguntando si hay descuento por el mes de cumpleaños.
Nada raro.
Hasta este domingo que me tocó vender en la Feria del Libro.
Estaba en el puesto cuando vi a un mae y a una muchacha que aparentemente se encontraron ahí por pura casualidad y empezaron a hablar, por supuesto, de libros.
Lo que comenzó como una conversación cualquiera se fue alargando...
... y alargando,
... y alargando.
Pasaron de hablar de un libro a recomendarse cosas, señalar portadas, reírse y básicamente olvidarse de que había más personas alrededor.
Yo no estaba poniendo atención.
Pero, ¡diay!, estaba a dos metros.
Hay una diferencia.
En algún momento el chavalo tenía varios libros en la mano y la muchacha empezó a ayudarle a escoger.
Después él se alejó por un momento y compró un pin de Snorlax.
Dato completamente irrelevante en ese momento.
O eso pensé.
Porque un rato después, cuando parecía que ya se iban, vi al mae darle el pin a ella.
La muchacha se quedó viéndolo con una sonrisa enorme.
El mae se puso rojo.
Ahí pude contemplar lo sublime del alma humana.
Siguieron hablando un poco más hasta que ella sacó el teléfono para pedirle a nuestro héroe su número.
Hasta ese momento todo iba sorprendentemente bien.
Entonces llegó el desastre.
El mae empezó a dictarlo.
Los primeros números, normal.
Pero cuando llegó al final hizo una pausa.
Dijo dos números.
Se quedó pensando.
Volvió a decirlos.
Creo que incluso los dijo en otro orden.
La muchacha estaba anotando rapidísimo y tampoco parecía demasiado segura de lo que estaba haciendo.
En algún momento ella borró algo.
Volvió a escribir.
Él miró la pantalla.
Ella miró la pantalla.
Los dos asintieron.
Yo, desde mi puesto, pensé:
“Esto muy probablemente va a ser un desastre.”
Pero bueno.
Adultos funcionales.
Se despidieron.
Ella se fue por un lado.
Él se quedó unos segundos viendo hacia donde ella se había ido.
Después sacó el teléfono.
Lo revisó.
Guardó el teléfono.
Lo volvió a sacar.
Revisó otra vez.
Se quedó viendo la pantalla con una expresión que conozco perfectamente porque es la misma que pone uno cuando manda un SINPE a la persona equivocada.
Después empezó a mover los labios como repitiendo números mentalmente.
Vio hacia donde se había ido la muchacha.
Volvió a ver el teléfono.
Otra vez hacia la muchacha.
Teléfono.
Muchacha.
Teléfono.
Y ahí supe que algo había pasado.
Mientras tanto ella ya había desaparecido entre la gente.
El mae se quedó un rato más dando vueltas.
Incluso caminó unos metros en la dirección en la que ella se había ido.
Después regresó.
Después volvió a ir.
Finalmente se fue.
No sé qué número le dio.
No sé qué número anotó ella.
No sé si alguno de los dos se dio cuenta de algo.
Lo único que sé es que vi a dos personas pasar casi una hora llevándose demasiado bien, regalarse un pin de Snorlax, compartirse un número de teléfono y, por lo que sospecho, tirar por la borda todo el ritual de apareamiento en el hábitat literario del Homo Ticus por ocho número colocados uno detrás del otro.
Y yo ahí.
Otra vez.
Empiezo a sospechar que el problema no era el gimnasio.
Creo que mi verdadero trabajo es aparecer de fondo cuando otros seres humanos toman decisiones cuestionables.
Soy un NPC.
No tengo otra explicación.